Trata a menos pacientes que su rival, pero cada uno le sale un tercio más caro. Y el laboratorio que va perdiendo tiene una jugada.
Medicare es el seguro de salud público de Estados Unidos, sobre todo para mayores de 65, y funciona de dos maneras. En Medicare tradicional, el gobierno le paga directo al centro que atiende. En Medicare Advantage, que eligió más de la mitad de los afiliados, le paga a una aseguradora privada. Los datos públicos por remedio son sólo de Medicare tradicional.
Kisunla, del laboratorio estadounidense Lilly, salió un año después que Leqembi, del japonés Eisai, y ya le cuesta más a Medicare tradicional aunque trata a menos pacientes: cada paciente sale un tercio más caro. Eisai tiene una jugada que Lilly hoy no: una versión inyectable de Leqembi que, tras las primeras dosis, el paciente puede aplicarse solo, sin volver al centro de infusión. Yo la usaría primero donde hay lista de espera.
En el primer trimestre de 2026, Medicare tradicional gastó 60,4 millones de dólares en Kisunla y 54,3 millones en Leqembi, los dos anticuerpos que paga para el Alzheimer temprano. Leqembi todavía trata a más personas: 12.876 contra 10.782.
Pensá: si el centro cobra un porcentaje sobre el precio del remedio, ¿cuál le conviene más?
Medicare paga distinto según dónde se da el remedio: si se aplica en un consultorio o en un hospital, como estas infusiones por vena, es la parte B; si se retira en la farmacia, la parte D.
En la parte B, el centro compra el frasco, lo aplica y cobra el precio promedio de venta más un 6%, y aparte un monto fijo por aplicarlo.
Pensá cuántos pasos hay antes de la primera dosis.
Dividí el gasto de cada uno por sus pacientes.
En el primer trimestre de 2026 fueron 5.605 dólares por paciente de Kisunla y 4.219 por uno de Leqembi: un tercio más. La diferencia está en el precio: cada miligramo de Kisunla se cobra un 55% más caro.
¿Y qué le conviene al centro? Depende de cuántos pacientes puede atender. En mi cuenta, cada infusión de Kisunla le deja entre 1,6 y 1,9 veces más que una de Leqembi, pero Leqembi se aplica el doble de veces, así que en un año, por paciente, deja más Leqembi. En mi hipótesis, con sillones libres le conviene Leqembi; con más pacientes que sillones, Kisunla.
Kisunla pasó del 41,6% de los pacientes y el 39,2% del gasto en 2025 al 45,6% y el 52,7% en el primer trimestre de 2026.
Eisai ya movió. Leqembi viene en dos formas, y el médico elige con el paciente cuál usar y puede cambiarla: la infusión o una inyección, Leqembi Iqlik, que se retira en farmacia y, tras las primeras dosis guiadas por un profesional, se aplica el paciente o quien lo cuida. Según Eisai, desde octubre de 2025 servía para seguir el tratamiento a los 18 meses, y desde el 25 de agosto de 2026, para empezarlo.
Quien usa la inyección no aparece en el gasto de la parte B, de donde salen las cifras de arriba: en el primer trimestre de 2026 ya había 619 pacientes así en la parte D, que incluye Medicare Advantage. Aun sumándolos, en mi cuenta Kisunla seguiría adelante en gasto.
El objetivo de Eisai es que el paciente nuevo empiece con Leqembi y siga. Leqembi vendió 97 millones de dólares en Estados Unidos en el segundo trimestre de 2026, según Biogen, que lo comercializa con Eisai.
El que elige el remedio es el médico. Pero en 2024, 6 de cada 10 pacientes de Leqembi se trataron en consultorio, donde la misma práctica que los atiende compra el remedio y cobra cada infusión: en mi cuenta, entre 3.081 y 4.765 dólares por paciente en el primer año. Con la inyección, el paciente se ahorra el viaje y la hora en el sillón, y la práctica deja de cobrar esas visitas. Ahí está el riesgo: en mi hipótesis, si la inyección le vacía turnos, a esa práctica le puede convenir recetar Kisunla, que sólo se aplica en el sillón.
Donde hay más pacientes que sillones, en mi hipótesis la inyección no le saca plata: el turno que libera lo ocupa otro paciente que esperaba. Ahí la empujaría desde el inicio. Donde sobran sillones, cada paciente que pasa a la inyección es un turno vacío: ahí la ofrecería sin empujarla.
El primer paso es listar los centros que aplican Leqembi y marcar dónde hay espera, un dato que no es público y supongo que Eisai tiene por sus ventas.
Cómo sabría si funciona, con cortes fijados antes de ver el dato (paciente nuevo es el que no recibió ninguno de los dos en los 12 meses anteriores):
No bajaría el precio de la infusión: como el centro cobra un porcentaje del precio, cobraría todavía menos por turno. Lo que acepto a cambio es que, donde sobran sillones, Eisai sigue dependiendo de la infusión. Y el reloj corre: Roche estima tener resultados de su anticuerpo, trontinemab, a mediados de 2028.
Si estuvieras en el equipo de Eisai, ¿empujarías la inyección en todos los centros aunque algunos dejen de cobrar infusiones, o irías centro por centro como propongo?
Análisis independiente con datos públicos. No tengo ni tuve relación comercial con Eisai, Biogen, Lilly ni Roche.
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