
Ahora mismo estoy por publicar este post y siento ese cosquilleo de cuando vas a hacer algo que te incomoda. Un poco de nervios y un poco de vergüenza. Hace un rato lo releí por cuarta vez buscando una excusa para no publicarlo.
Esa sensación la conozco bien. Es la misma de cuando me tocaba dar lección oral en el colegio, parado al lado del banco, esperando que la profesora dijera mi apellido. Mucha gente la llama ansiedad social. No sé si es exactamente eso, pero la sensación es la misma: el cuerpo se prepara para algo que el cuerpo entiende como peligro.
Y el peligro, hoy, es esto. Publicar algo que pensé, que escribí, y dejarlo afuera para que cualquiera lo lea.
Lo más raro es que la voz que más me asusta no es de afuera. Es la mía.
Nadie es tan duro conmigo como yo mismo. Lo digo seguido y es literal. Antes de que aparezcan los comentarios negativos, los hago yo. Antes de publicar este post mi cabeza ya escribió cuatro o cinco versiones de por qué es una mala idea: que no soy nadie para hablar de esto, que va a sonar pretencioso, que mejor lo dejo para cuando "esté listo", que para qué exponerme si no es necesario.
Lo más curioso es que no es la primera vez que me expongo. Estuve arriba de escenarios desde chico. En la primaria escribí una obra de teatro que ganó un concurso del colegio y me tocó interpretar al protagonista. Un año hice tres personajes distintos en la misma función. Me encantaba. Hablar en la iglesia, actos escolares, presentaciones; todo eso lo hice y salió bien.
Pero ahí había un truco que recién ahora veo: era un personaje. No era yo. El que recibía los aplausos era el papel. Si algo salía mal, era el personaje el que se equivocaba.
Esto es distinto. Acá no hay personaje. Soy yo con mi nombre, mi cara cuando llegue a los videos, mis ideas a medio cocinar. Si algo no funciona, no se equivoca nadie más.
Hay una parte de esa vergüenza que viene de más atrás. De gente que en cierto momento de mi vida no me acompañó a crecer, y de la idea (instalada hace años) de que fallar les daría la razón. No quiero entrar en detalles porque no me parece justo ni para ellos ni para mí, pero sí dejarlo dicho: una parte del miedo a exponerme no es por los desconocidos de internet. Es por una audiencia vieja que ni siquiera está mirando.
La otra parte, la más fuerte, es mía. Es el perfeccionismo disfrazado de "todavía no". El "todavía no sé lo suficiente". El "todavía no estoy a la altura". Siempre siento que no estoy a la altura de las cosas que quiero hacer. Y si espero a estarlo, no las hago nunca.
Algo me empuja igual, y es más nuevo.
Lo que veo en internet, sobre todo en mi nicho (devs, gente de producto, tech en general), me cansa un poco. LinkedIn se volvió una vitrina de logros: cursos terminados, proyectos lanzados, ascensos anunciados con foto sonriente. No tengo problema con eso, está perfecto. Pero el resultado llega siempre después de un proceso, y el proceso es lo que nadie cuenta.
A mí lo que me interesa es el proceso. Te define menos el proyecto que terminaste, el curso que cerraste, la carrera que entregaste, y mucho más cómo actuás cuando aparece la piedra grande en el medio del camino. Cómo te movés cuando el resultado todavía no está, ni se sabe si va a llegar.
Eso es lo que quiero escribir. No resultados, procesos. Las emociones que aparecen, los pensamientos buenos y los feos, lo que no funciona, lo que sí, lo que tarda. Todo lo que florece en el medio.
Porque sospecho que esas sensaciones son mucho más comunes de lo que parece. Que la mayoría las está atravesando o las va a atravesar. Y que no hablamos de eso porque colectivamente decidimos que hablar del proceso es incómodo. Mejor el resumen ejecutivo: "Logré X". Más fácil de leer, menos lugar para el otro.
Hoy la sensación está. Los nervios y la vergüenza están. Y publico igual.
Lo hago en formato escrito porque es el que me cuesta menos. Un blog se siente menos vulnerable que un video: está lo que pensás, pero no tu voz ni tu cara. Eventualmente quiero animarme a TikTok, a formatos donde la exposición es más cruda. Por ahora, esto. Un escalón cada vez.
No tengo un consejo cerrado para nadie. No es ese tipo de post.
Solo dejo dicho que estoy escribiendo desde acá: desde la incomodidad, no desde el otro lado. No puedo contarte todavía cómo fue exponerme en público porque recién empiezo. Lo que sí puedo decir es que la decisión está tomada y la vergüenza no se fue. Las dos cosas conviven.
Si te pasa algo parecido, escribime y contame cómo lo estás transitando. Me interesa saber cómo lo viven otros y juntar experiencias.